Cuando decidimos incorporar un nuevo miembro canino a nuestra familia, es muy importante meditar esta decisión con tiempo y con el consenso de toda la familia. No hablamos solo de que todos los miembros estén de acuerdo, de que donde vivimos permitan animales o de que dispongamos del suficiente tiempo para atenderlo correctamente, ya que estas son cosas imprescindibles que a estas alturas no debería ser necesario mencionar.

Existen multitud de otras cosas que debemos tener en cuenta y pensar con cuidado cuando ya hemos tomado la decisión, ya que un perro va a ser un miembro más de nuestra familia y por tanto no podemos tomárnoslo a la ligera.

 –       Dónde vamos a adquirir el animal. Por supuesto la primera opción debería ser la adopción, pues excepto en casos en los que se conozca bastante bien una raza en concreto y un buen criador, lo más probable es que acabemos comprando un cachorro de una granja de perros o un criador poco ético.

En casi todos los municipios encontraremos un centro de protección animal (una perrera) donde acaban los animales abandonados de la zona. No siempre son fáciles de encontrar porque muchos ayuntamientos aun no hacen difusiones para que la población conozca estos centros y acudan allí a adoptar. Otra opción son las diferentes protectoras que suelen trabajar en una zona concreta o se especializan en razas determinadas.

Obviamente todos los perros merecen su oportunidad de ser adoptados, pero para acertar con nuestra decisión siempre es mejor decantarse por aquellos de los que nos puedan facilitar más información, tanto de su comportamiento como de salud.

–       Edad del animal. Muchas personas rechazan adoptar un animal que no sea cachorro porque piensan que así será más fácil de educar y se adaptará mejor a la familia. En realidad, un perro con dos o tres años tiene una personalidad ya formada y es mucho más fácil saber cómo se comportará y si encaja en una determinada familia. En cualquier caso, si los cachorros están con su madre o con sus hermanos, nunca deberían separarse de ella antes de los dos meses. La idea de cogerlos con días de vida para criarlos a biberón nunca es buena idea a no ser que no exista otra solución.

Muchas personas también se decantan por adoptar perros mayores o viejos, sobre todo si ya han convivido con alguno antes.

–       Raza y carácter. Buscar una raza en concreto no tiene nada de malo si conocemos bien la raza y no nos guiamos sólo por las modas o por su aspecto. Existen protectoras dedicadas a determinadas razas que pueden ayudarnos y es importante informarse sobre los comportamientos típicos y necesidades antes de decidirnos. Aun así, ningún perro es igual a otro y hay importantes diferencias aunque sean hermanos.

Ya sean de raza o mestizos, lo importante es buscar al que mejor se adapte a nuestra familia. Si no estamos dispuesto a emplear mucho tiempo en cepillarlo no es buena idea elegir un perro de pelo largo, pero sin embargo los que lo tienen corto sueltan más pelo generalmente.

En cuanto al carácter, si somos personas tranquilas y de poca actividad, debemos buscar un perro similar, pues si no probablemente acabemos dándole menos ejercicio del que necesita. Si somos muy activos y nos gusta el deporte, por ejemplo, no es buena idea elegir animales de razas poco indicadas para el ejercicio intenso o perros que sean más sedentarios.

La imagen sel post es Duquesa y está en adopción en Hocicos y huellas